2008-10-06

Reseña y Opnión: Vida de Consumo (Zygmunt Bauman) Val: 834



Fichita:

Editorial: Fondo de Cultura Económica
Escritor: Zygmunt Bauman
Páginas : 201
ISBN : 978-84-375-0611-1
Original : Consuming Life
Valoración: 834
Traductor : Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide
Status : Recomendable
Categoría : Otros - Sociología






[Actualizado con la imagen las 21.00]


Opinión:


Vida de consumo es un interesantísimo análisis social sobre la sociedad del consumo. Concepto tan habitual y del que todos hablamos pero que sólo estudiosos como Bauman son capaces de llegar a desmenuzar y mostrar en todas sus facetas. Es un libro para entender como funciona nuestro mundo y como la sociedad consumista nos controla y direcciona y que mecanismos tan sutiles utiliza.
Nos explica como la libertad de comprar o la libertad de elección son falacias y elementos superfialmente e intrascendentes del consumismo mientras elijas una opción de compra. Nos demuestra que la moda, la obsolescencia planificada, el desarrollo profesional, el cambio continuo, la cirugía plástica, etc se convierten en armas del consumismo.

Es una mirada cruel a nuestros propios intereses a nuestra transformación en objetos de consumo. Donde las clases más despreciadas no son las no trabajadores sino las que no pueden comprar.

Es un texto que permite entender el modelo de publicidad actual. Consigue hacerte más inmune al continuo bombardeo publicitario de objetos de deseo que nos provocan cierta infelicidad perpetua a cambio de una felicidad muy efímera.

¿Quien no ha sentido la felicidad previa a una compra y ha visto lo poco que dura esa felicidad, para que nuestra infelicidad vuelva por un nuevo objeto de deseo?
¿Quien no se ha sentido mejor después de irse de compras, sin ningún plan determinado?
¿Quien no ha buscado la satisfacción inmediata e instantánea antes que una posibilidad futura mejor?

Compro luego existo. La peor amenaza para sociedad de consumo es un consumidor satisfecho con su compra.

Es un libro para leer pausadamente poco a poco y sin prisas.
200 páginas que he leído en casi una año para digerirlo... capítulo a capítulo analizando cada frase sin prisa pero sin pausa; anotando frases geniales que resumen bien nuestro alrededor.

Es un libro de un vocabulario difícil a veces, al menos para mi (la palabra: pleonasmo era desconocida hasta no hace mucho para este que les escribe). En momentos el texto es muy académico pero en otros momentos muy cercano.

Es un libro que tiene larga duración, lo que nos explica no es lo que esta pasando hoy o este año, sino una situación que se alarga durante estas ultimas décadas y probablemente seguirá en las próximas décadas.

Contraportada:

En Vida de consumo, Zygmunt Bauman continúa y profundiza el análisis de la trama y los mecanismos por los cuales la sociedad actual, en su fase de modernidad líquida, condiciona y diseña las vidas de los sujetos centrándose en sus particularidades como consumidores.
Con el advenimiento de la modernidad líquida, la sociedad de productores es transformada en una sociedad de consumidores. En esta nueva sociedad los individuos son, simultaneamente, los promotores del producto y el producto que promueven. Son, al mismo tiempo, el encargado de marketing y la mercadería, el vendedor ambulante y el artículo en venta. Todos ellos habitan el mismo espacio social conocido con el nombre de mercado. El examen que los individuos deben aprobar para acceder a los tan condicionados reconocimientos sociales les exige reciclarse bajo la forma de bienes de cambio, es decir como productos capaces de captar la atención, atraer clientes y generar demanda. Esta transformación de los consumidores en objetos de consumo es el rasgo más importante de la sociedad de consumidores.
En este nuevo libro, Zygmunt Bauman analiza el impacto del modelo consumista de interacción sobre varios aspectos, aparentemente inconexos, del escenario social, como la política y la democracia, las divisones sociales y la estratificación, las comunidades y las sociedades, la construcción identitaria, la producción y el uso del conocimiento, y la preferencia por distintos sistemas de valores.
La invasión, conquista y colonización de la red de relaciones humanas por parte de visiones del mundo y patrones de comportamiento a la medida de los mercados, y el origen del resentimiento, el disenso y la ocasional resistencia frente a las fuerzas de ocupación son los temas centrales de este libro. Las normas sociales y la cultura de la vida contemporánea son puestas bajo la lupa una vez más y reinterpretadas a la luz de estos temas por uno de los pensadores sociales más originales y agudos de la actualidad.

Otras reseñas en ECP:
Subrayando el Libro :

Si tenéis ganas y tiempo para dedicar unos minutos os podéis hacer una idea del libro con este extracto.
Aquí os dejo un conjunto de frases y párrafos de lo más interesantes que tiene el texto. Aunque se queda lejos de la lectura del libro entero muy recomendable.
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Siempre y cuando uno no olvide que lo que antes era invisible -la cuota de intimidad de cada uno, la vida interior de todos- ahora es expuesto en la escena pública, uno comprenderá que quienes procuran la invisibilidad están condenados al rechazo, a la exclusión, condenados a ser sospechosos de algún crimen. La desnudez física, social y psíquica está a la orden del día.
Sólo los jugadores con recursos y ambición son bien recibidos en el juego del consumismo.
El examen que debemos aprobar para acceder a los tan codiciados premios sociales les exige reciclarse bajo la forma de bienes de cambio, como productos capaces de catar la atención, atraer clientes y generar demanda.
La función principal del capitalismo, es la "transformación del capital y del trabajo en mercancía, en bienes de cambio.
La fuerza de trabajo debe estar siempre en óptimas condiciones, siempre lista para atraer la mirada de potenciales compradores, lograr su aprobación e hipnotizarlos para que compren lo que ven.
"Lastre cero" : Se refiere a empleados que , sin importar los incentivos económicos, cambiaban de empleo con total facilidad. Sin compromiso y sin obligaciones.
La sociedad de consumidores se divide entre cosas elegibles y electores.
En la sociedad de consumidores nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto, y nadie puede preservar su carácter de sujeto si no se ocupa de resucitar, revivir y realimentar a perpetuidad en sí mismo las cualidades y habilidades que se exigen en todo producto de consumo. La "subjetividad" del "sujeto", o sea su carácter de tla y todo aquello que esa subjetividad le permite lograr, está abocada plenamente a la interminable tarea de ser y seguir siendo un artículo vendible.
En la era de la información, la invisibilidad es sinónimo de muerte.
En el mercado laboral en cada transacción comercial nace una relación humana.
Lo que arrastra a la gente a sus computadoras es el miedo a estar solos, mientras que el peligro desconocido los empuja a la procrastinación de los encuentros en la vida real.
El Consumismo es un tipo de acuerdo social que resulta de la reconversión de los deseos, ganas o anhelos humanos en la principal fuerza de impulso y de operaciones de la sociedad.
El Consumismo llega cuando el consumo desplaza al trabajo de ese rol axial que cumplía en la sociedad de productores.
A diferencia del consumo, que es fundamentalmente un rasgo y una ocupación del individuo humano, el consumismo es un atributo de la sociedad.
En la era moderna sólida de la sociedad de productores, la gratificación parecía en efecto obtenerse sobre todo de una promesa de seguridad a largo plazo, y no del disfrute inmediato.
El "Consumismo ostentoso" consistía en una exhibición pública de la riqueza sólida y durable.
En la sociedad de productores que apostaba a la prudencia y la circunspección, a la durabilidad y la seguridad, y sobre todo a la seguridad a largo plazo.
El consumismo aborda la felicidad con un aumento permanente del volumen y la intensidad de los deseos.
El advenimiento del consumismo anuncia una era de productos que vienen de fábrica con "obsolescencia incorporada", una era marcada pro el crecimiento exponencial de la industria de eliminación de desechos.
Con la base de la "cultura ahorista" y "cultura acelerada".
La vida, ya sea individual o social, no es más que un encadenamiento de presentes, una colección de instantes vividos con variada intensidad.
De la visión moderna de la historia de la idea del "tiempo de necesidad" ha sido reemplazada por el concepto de "tiempo de oportunidades, tiempo aleatorio, abierto en todo momento a la imprevisible irrupción de lo nuevo", "una concepción de la historia entendida como proceso abierto y no predeterminado en el que las sorpresas, los golpes de suerte inesperados y las posibilidades inesperadas pueden estar esperando a la vuelta de la esquina".
La procrastinación es la asesina serial de las oportunidades.
En la era consumista el motivo del apuro radica en el apremio por adquirir y acumular. Una necesidad de eliminar y reemplazar.
La economía consumista se ve obligada a confiar en el exceso y los desechos.
Durante los últimos treinta años, en el mundo se ha producido más información que durante los 5 mil años anteriores, mientras que "un solo ejemplar de la edición dominical del New York Time contiene más información que la que una persona culta del siglo XIX consumía durante toda su vida".
La melancolía es sinónimo del "desapego" a "todo y anda específicamente". Ser "melancólico" es poder sentir "la infinidad de conexiones, sin quedar enganchado en ninguna". Actualmente la melancolía es una perturbación resultante del choque fatal entre la obligación-compulsión-adicción a elegir y la incapacidad para hacer esa elección.
Un pleonasmo, ya que el concepto de "felicidad" en sus usos más comunes refiere a estados o hechos que las personas desean que sucedan.
Los juicios que uno pueda escuchar o leer acerca de las ventajas (muchas) y las desventajas (pocas) de la capacidad de generar felicidad de la sociedad de consumidores están despojados de todo valor cognitivo.
La felicidad, la sensación de ser feliz crece a medida que se incrementan los ingresos sólo hasta determinado umbral.
Una economía orientada al consumo promueve activamente la desafección, socava la confianza y profundiza la sensación de inseguridad.
La promesa de satisfacción sólo conserva su poder de seducción siempre y cuando esos deseos permanezcan insatisfechos.
La sociedad de consumo medra en cuanto logre que la no satisfacción de sus miembros.
El mecanismo explícito para conseguir ese efecto consiste en denigrar y devaluar los artículos de consumo ni bien han sido lanzados con bombos y platillos al universo de los deseos consumistas.
El reino de la hipocresía que se extiende entre las creencias populares y las realidades de la vida de los consumidores es condición necesaria para el buen funcionamiento de la sociedad de consumidores.
Es el exceso de la suma total de promesas el que neutraliza la frustación causada por las imperfecciones y las falencias de cada una de ellas, y evita que la acumulación de experiencias frustantes siembre dudas sobre la efectividad última de la búsqueda.
La sociedad de consumo apuesta a despertar la emoción consumista, y no a cultivar la razón.
El camino que va desde el centro comercial hasta el basurero debe ser lo más corto posible, y el tránsito entre ambos lugares, cada vez más rápido.
La sociedad avanza hacia un estado de desregulación y desrutinización de la conducta humana, en relación directa con el colapso de los vínculos humanos, conocido como "individualización".
La principal atracción de la vida de consumo es la oferta de una multitud de nuevos comienzos y resurrecciones.
Los proyectos integrales de vida y la planificación a largo plazo no son propuestas realistas y resultan insensatas y desaconsejables.
La exhibición de los artículos adquiridos transfiere a sus portadores el valor del producto.
Consumir significa invertir en la propia pertenencia a la sociedad.
Los productos de consumo deben su atractivo, su poder de reclutar compradores a su valor como inversión.
Consumir es invertir en todo aquello que hace al "valor social" y la autoestima individuales.
El propósito crucial y decisivo del consumo no es satisfacer necesidades, deseos o apetitos, sino convertir y reconvertir al consumidor en producto, elevar el estatus de los consumidores al de bienes de cambio vendibles.
Los miembros de una sociedad de consumidores son ellos mismos bienes de consumo.
Hoy en día el cuerpo humano ( o sea, el cuerpo tal y como lo recibimos accidentalmente de la naturaleza) es algo que "debe ser superado" y dejado atrás.
La única condición que tienen que cumplir quienes quieren ser "productos muy demandados" es "estar tan entrenados, ser tan adaptables y valiosos para que ningún empleador se atreva a echarlos o a tratarlos mal".
Las leyes del mercado se aplican equitativamente sobre las cosas elegidas y sobre quienes las eligen.
El consumo es el mecanismo fundamental de transformación del consumidor en producto.
La condición silenciada pero decisiva para ganarse o rechazar los beneficios prácticos y sustanciales de ser un ciudadano completo es la competencia consumista de cada persona y su habilidad para ejercerla. Para ser consumidor, primero hay que ser producto.
La "socialización" exitosa reside en hacer que los individuos desean hacer lo que es necesario para que el sistema logre autorreproducirse.
Para la construcción de las naciones fue necesario el patriotismo - una voluntad inducida (enseñada y aprendida) que tendía a sacrificar los interés individuales en favor de intereses compartidos.
Surge una nueva obligación (la obligación de elegir) como libertad de opción.
El consumo es una acción solitaria por antonomasia aun cuando se haga en compañía.
Convertirse en un producto bien cotizado, una tarea que demanda dinero y más dinero, es precondición para ser admitido en el "mercado laboral".
El hecho de reducir los impuestos a la riqueza es parte integral de una tendencia a dejar de aplicar los impuestos sobre los ingresos, base "natural" de los gravámenes en la sociedad de productores, para volcarlos sobre los gastos, una base igualmente "natural" en una sociedad de consumidores.
La capacidad como consumidor, no como productor, es principalmente la que define el estatus de un ciudadano.
"Soy quien soy porque los otros me reconocen como tal".
Teoría de la necesidad "debería empezar por asumir que todo individuo necesita bienes para comprometer a otros en sus proyectos. Los bienes sirven para movilizar a otras personas.
El nivel de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido.
Lentitud es sinónimo de muerte social. Como todos progresan, quien no avanza queda inevitablemente separado de los otros por una brecha que se ensancha.
El síndrome de la cultura consumista es la enfática negación de las virtudes de la procrastinación y de las bondades y los beneficios de la demora de la gratificación, los dos pilares axiológicos de la sociedad de productores governada por el síndrome productivista.
El síndrome consumista es velocidad, exceso y desperdicio.
Una sociedad de consumo solo puede ser una sociedad de exceso y prodigalidad y, por ende, de redundancia y despilfarro.
La sociedad se convierte en fundamentalmente un artefacto que sirve para reducir la responsabilidad sobre el otro.
La coerción ha sido ampliamente reemplazada por la seducción; la vigilancia, la regulación normativa, por el surgimiento de nuevos deseos y necesidades.

Responsabilidad significa hoy y ante todo responsabilidad de si mismo.
Los sufrimientos humanos más comunes en la actualidad suelen producirse a causa del exceso de posibilidades más que del exceso de prohibiciones. La oposición entre lo posible y lo imposible se ha reemplazado por lo permitido y lo prohibido.
Entre las explicaciones más comunes del fracaso sólo la falta de dinero puede competir seriamente con la falta de tiempo.
El mayor beneficio de acometer una tarea urgente era la enorme intensidad del momento vivido.
Estar permanentemente atareado, con una urgencia tras otra, proporciona la seguridad de una vida plena o una "carrera exitosa", única prueba de autoconfirmación en un mundo en el que toda referencia al "más allá" está ausente, y en el que la finitud de la existencia es la única certeza. Al actuar, las personas piensan a corto plazo, en cosas que deben hacerse de inmediato o en un futuro cercano. Con demasiada frecuencia la acción es sólo un escape del yo, un remedio para la angustia.
La vida de consumo sólo puede ser una vida de aprendizaje rápido, pero también debe ser una vida en la que todo se olvida velozmente.
El consumidor que no es activo para deshacerse de las posesiones gastadas y obsoletas es un oxímoron...
La vida del consumidor trata priomordialmente de estar en movimiento.
La vida de la era de la producción era la demora de la gratificación, entonce la pauta ética de la vida de consumo debe ser evitar la satisfacción duradera. Una sociedad que proclama que la satisfacción del cliente es su único motivo. Un consumidor satisfecho no es un motivo, sino la más terrorífica amenaza.

Lo que mantiene con vida a la economía de consumo y al consumismo es el menoscabo y la minimización de las necesidades de ayer.
La "tiranía del momento" como el rasgo más conspicuo de la sociedad contemporánea, y posiblemente su invención más relevante. "
Humanos sincrónicos" que "viven únicamente en el presente" y " no prestan atención a la experiencia pasada o a las consecuencias futuras de sus acciones".
El verdadero sentido de la libertad no está en alcanzar lo que se desea, sino en deshacerse de lo indeseado.
La identidad es una condena a realizar trabajos forzados de por vida. Los consumidores los mueve la necesidad de "convertirse ellos mismo en productos".
Para aliviar la carga de la construcción y el desmantelamiento de las identidades. Los productos de consumo rara vez tienen una identidad neural. Suelen venir con "identidad incluida".
Daños colaterales del consumismo:
"Colateralidad": Consiste en excusar cualquier acción que cause daño, justificarla y eximirla de castigo.
"Estados de negación": Negación de la responsabilidad, tanto moral como legal.
"Daño colateral": La transformación total y absoluta de la vida humana en un bien de cambio.

El consumismo actúa para mantener la contrapartida emocional del trabajo y de la familia. Expuesto a un continuo bombardeo publicitario a través del promedio diario de tres horas de televisión (la mitad de su tiempo libre), los trabajadores son persuadidos de "necesitar" más cosas. Para comprar lo que ahora necesitan, necesitan dinero. Para ganar dinero, trabajan más horas. Al estar fuera de su casa durante tantas horas, compensan su ausencia en el hogar con regalos que cuestan dinero. Materializan el amor. Y así se repite el ciclo.

"Infraclase": Evoca la imagen de un conglomerado de personas que han sido declaradas fuera de los límites en relación con todas las clases y con la propia jerarquía de clases.
Los pobres de hoy son "los no consumidores", no los "desempleados".
La infraclase es hoy "un gran grupo de personas ajenas a la sociedad más incorregibles y hostiles de lo imaginable.

Son los inalcanzables. La caída en la infraclase y permanencia en ella era una cuestión electiva, la rehabilitación del estado de pobreza también era una elección.
La sedución del mercado es también un medio único e incomparablemente efectivo de establecer divisiones.
El despilfarro consumista , es el signo del éxito.
Para tener la libertad de elegir hay que ser competente: disponer del conocimiento, la habilidad y la determinación necesarios para hacer uso de la capacidad de elección.

En un futuro cercano: No es inimaginable que nosotros, fabricantes de esos productos, estemos apunto de crear un mundo al que no seremos capaces de seguirle el paso y que excederá completamente nuestra capacidad de "compresión", nuestra imaginación y nuestra resistencia emocional, y que a la vez trascenderá los límites de nuestra responsabilidad.

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